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Desde la Giralda

Y 7 de Julio, San Fermín

Algunos historiadores sostienen que en Pamplona ya se celebraban festejos taurinos en el siglo XII y a finales del XIV, por lo que cabe la posibilidad de que se desarrollaran carreras con el ganado que atravesaba las calles de madrugada.
El encierro no era antiguamente una representación genuina de las fiestas, ni un acto oficialmente organizado. Era más bien una mala costumbre, una infracción. Los corredores de entonces, calificados de "locos", aprovechaban el traslado de los toros desde el campo hasta el centro de la ciudad para correr delante de los astados en los últimos cientos de metros, los que discurrían entre las murallas medievales y la Plaza Mayor (ahora Plaza del Castillo). Este quebrantamiento de la ley se impuso a través de los siglos, hasta que las autoridades dictaron las primeras Ordenanzas sobre el encierro en 1.867.
La denominación de 'encierro' se utilizó por primera vez en 1856, ya que hasta entonces era conocido como la 'entrada'. Ese mismo año, debido a la construcción de un Coso Taurino cerca del solar que actualmente ocupa el Teatro Gayarre que sustituyó al que estaba situado en la Plaza del Castillo, el encierro adoptó el itinerario que ha llegado hasta nuestros días, que tiene una longitud de 825 metros.
En los encierros de los Sanfermines modernos, en los que la afluencia de corredores aumenta considerableblemente de año en año, destaca la formación de montones de corredores. En dos ocasiones, en 1.960 y 1.993, se formaron en la calle Estafeta, mientras que el resto, unos treinta, tuvo lugar en el callejón de la Plaza de Toros. En ellos hubo dos muertes, en 1.975 y 1.977.
La historia trágica del encierro arroja la cifra de trece muertos: el primero en 1.924 y la última en 1.995. Sólamente en dos ocasiones, el 10 de julio de 1.947 y el 13 de julio de 1.980, ha habido que lamentar dos muertos producidos por el mismo toro.

1 comentario

Carlos Martinez -

Lo tengo pendiente. Digo el ir a fotografiar esa fiestorra, ahora que con la foto digital se puede. Cada vez que pienso la pasta que se gasta con la dichosa afición...pero merece la pena.
A ver si un dia te puedo decir lo que me gasté en fotos en la de Sevilla hace años...